
El martes 15 de julio la delegación argentina de la Conferencia Episcopal llegó a Australia para participar de la Jornada Mundial de la Juventud.
Colegios, parroquias y casas de familias abrieron sus puertas para alojar a los peregrinos.
Este encuentro comenzó con la misa de apertura a las 16:30 hs en Barangaroo -Sydney- en la que se recibió la cruz y el ícono mariano de la Jornada.
El cardenal George Pell presidió la celebración e invitó a los jóvenes a hacer nacer la primavera en medio del invierno. Para nosotros significa que en este mundo dominado por la injusticia, la pobreza, la exclusión social y los distintos flagelos a los que están sometidos los jóvenes hoy seamos signo de esperanza desde la búsqueda de la justicia, partiendo de la participación para lograr la transformación anhelada.
El miércoles 16 comenzaron las catequesis animadas por obispos y organizadas en diferentes puntos de la ciudad y sus alrededores, según las lenguas de origen. Este es un espacio de crecimiento en la fe y de compartir las resonancias de cada uno de los participantes según su procedencia y las distintas formas de vivir y expresar la misma fe que nos une. Hasta el momento los temas abordados fueron: "Llamados a vivir en el Espiritu Santo" y "El Espiritu Santo, alma de la Iglesia". Por las tardes se ofrecen diferentes propuestas artísticas de gran diversidad cultural, las mismas son protagonizadas por jóvenes. Las parroquias también ofrecen distintos foros temáticos, momentos de oración, adoración del Satisimo Sacramento.
Hoy 17 de julio, por la tarde, arribó Su Santidad, Benedicto XVI a Sydney, en una multitudinaria celebración destacó:
(…) Veo ante mí una imagen vibrante de la Iglesia universal. La variedad de Naciones y culturas de las que provenís demuestra que verdaderamente la Buena Nueva de Cristo es para todos y cada uno; ella ha llegado a los confines de la tierra. Sin embargo, también sé que muchos de vosotros estáis aún en busca de una patria espiritual. Algunos, siempre bienvenidos entre nosotros, no sois católicos o cristianos. Otros, tal vez, os movéis en los aledaños de la vida de la parroquia y de la Iglesia. A vosotros deseo ofrecer mi llamamiento: acercaos al abrazo amoroso de Cristo; reconoced a la Iglesia como vuestra casa. Nadie está obligado a quedarse fuera, puesto que desde el día de Pentecostés la Iglesia es una y universal.
Queridos amigos, la vida no está gobernada por el azar, no es casual. Vuestra existencia personal ha sido querida por Dios, bendecida por él y con un objetivo que se le ha dado (cf. Gn 1,28). La vida no es una simple sucesión de hechos y experiencias, por útiles que pudieran ser. Es una búsqueda de lo verdadero, bueno y hermoso. Precisamente para lograr esto hacemos nuestras opciones, ejercemos nuestra libertad y en esto, es decir, en la verdad, el bien y la belleza, encontramos felicidad y alegría. (…)Cristo ofrece más. Es más, ofrece todo. Sólo él, que es la Verdad, puede ser la Vía y, por tanto, también la Vida. (…)
Queridos amigos, en casa, en la escuela, en la universidad, en los lugares de trabajo y diversión, recordad que sois criaturas nuevas. No estéis ante el Creador solamente llenos de estupor, alegrándoos por sus obras, sino tened presente que el fundamento seguro de la solidaridad humana está en el origen común de cada persona, el culmen del designio creativo de Dios para el mundo. Cómo cristianos, estáis en este mundo sabiendo que Dios tiene un rostro humano, Jesucristo, el «camino» que colma todo anhelo humano y la «vida» de la que estamos llamados a dar testimonio, caminando siempre iluminados por su luz